MUJERES DE CUTRAL CO Y PLAZA HUINCUL
SECUESTRADAS Y DESAPARECIDAS
A 50 AÑOS DEL ULTIMO GOLPE DE ESTADO EN
ARGENTINA
1976 – 2026
Compilación
El siguiente es
un detalle de las mujeres trabajadoras, vecinas y Compañeras que lucharon por
un modelo de país distinto, con mayor igualdad, sin pobrezas y por el cual
fueron perseguidas, detenidas, secuestradas, torturadas y luego Desaparecidas.
-
Ellas Son:
·
Arlenne Seguel
·
Leticia Margarita Oliva
·
Graciela Romero de Metz
·
Sirena Acuña
Vivieron en Plaza Huincul y Cutral Co y
fueron secuestradas y Desaparecidas:
·
Susana Mujica
·
Mónica Moran
Arlenne
Arlene nació el 31 de marzo de 1955 en
Plaza Huincul, Neuquen.-
Su padre trabajaba en YPF (principal
actividad de esa ciudad) y su madre era ama de casa. Arlene tenía 4 hermanas
menores.
Fue muy buena estudiante en primaria y
secundaria, la notaban "distinta" a sus hermanas, siempre preocupada
por lo que pasaba a su alrededor: la indiferencia no era su característica.
Tampoco se la escuchó quejarse por sus problemas de salud, siendo niña había
perdido un riñón. Algunos opinan que fue por un golpe muy fuerte en la zona
lumbar al caerse un día de "esos vientos" de Cutral Co. Fue operada
en el hospital de Plaza Huincul, que en ese entonces se podía considerar de
alta complejidad.
Era morocha, alta, delgada, tenía el
pelo negro y era muy vivaz según la recuerdan algunos familiares. Era
estudiante de Servicio Social en la UNCo y vivía en la ciudad de Neuquén, a
veces en la residencia universitaria. No quería que sus padres gastaran la
plata que no tenían en mantenerla. Siempre decía que con “un vaquerito y un
pullóver” se arreglaba.
Conocía los barrios humildes de Neuquén,
a los que visitaba por sus prácticas de Servicio Social, pero también porque lo
deseaba, porque le hacía bien estar allí, al lado del compromiso. Se la
escuchaba comentar: "vi chicos durmiendo sobre un cuerito, se orinaban y
al otro día como no alcanzaba a secarse volvían a acostarse sobre el
mismo..." Le dolía la pobreza y sobre todo la desigualdad.
Arlene era militante del PRT-ERP.
Un artículo cuenta como era su forma de
ser:
Cómo explicarles, ella era así, un aire
fresco que te sacudía con su alegría y su derroche de energía y creatividad,
constantemente entraba y salía de casa con esa libertad que nos dieron nuestros
padres.
Llegar cantando, o desde la vereda
llamando a mi mamá o a alguna de nosotras con esa urgencia que tiene la
adolescencia; era tan cotidiano.
Su madurez para esos recientes 21 años
era realmente con mayúscula y venía desde siempre. Enfrentar los problemas y
ponerse al frente de las adversidades era algo tan natural en ella, como hacer
una torta un sábado por la tarde, compartir un café ó el aroma de sus
cigarrillos Particulares 30 que fumaba.
Tener ideales comunitarios, sentir que
todos podíamos y debíamos ayudar al que lo necesitaba, no importaba el tamaño
de la ayuda, pintar un móvil, juntar ropa, poner la oreja cuando algún amigo
hasta para irse a estudiar Servicio Social a Neuquén, comprendiendo que el
servicio social no se podía limitar a la entrega de chapas y colchones, sino un
cambio donde la palabra dignidad jugaba un papel fundamental, el cambio debía
ser mucho más profundo y solidario.
¿Quién fue Arlene? Fue una hija que
jamás volvió, una hermana, compañera, amiga, cómplice, es un sueño…a veces, un
grito, lagrimas, risas, es su pelo negro y lacio al viento, es caminar los días
de lluvia, es cantar temas de Violeta Parra, es un café caliente, es un motor
que no se detiene, es un reto cuando bajamos la guardia, es esperanza en el
futuro, honestidad, contención, calma.
Arlene fue secuestrada de su domicilio
familiar en Cutral-Co el 12 de junio de 1976. Pasó por La Escuelita de Bahía
Blanca y la de Neuquén. Aún se encuentra desaparecida.
Arlene tenía 21 años.
¡ARLENE PRESENTE! ¡HASTA LA VICTORIA
SIEMPRE!
Leticia
27/12/78. Leticia Margarita Oliva nació el 26 de agosto de 1948 en Plaza Huincul,
Neuquén. Fue secuestrada el 27 de diciembre de 1978 junto a Susana Míguez, en
un operativo realizado en el departamento que compartían en Capital Federal.
Su padre,
Juan Bautista Lorenzo Oliva, era inspector de YPF y su madre, Margarita Carmen Bellocchio,
ama de casa. En su juventud comenzó a militar en Montoneros, donde la llamaban
Naty, junto a su esposo Orlando René Méndez, Toto. Del ’74 al ’76
Leticia militó en la Agrupación Evita de Montoneros y compartió tareas
con Marta
Álvarez. En la iglesia Santa Amelia de Capital Federal
organizaron junto a otras mujeres una guardería para los niños del barrio. En
1976 Marta fue
secuestrada y llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció
hasta el inicio de la democracia. Estando en cautiverio tomó conocimiento de
que Toto había
caído con su beba y había muerto por haber ingerido “la pastilla”. Marta pidió
cuidar a la nena el tiempo que fuera necesario y, antes que la llevaran para
dejarla en Casa Cuna, escribió en un papelito informando que era hija de
Orlando Méndez, militante montonero. Gracias a esa nota la familia de Laura dio
con ella.
Leticia fue secuestrada el 27 de diciembre de 1978 junto
a Susana
Míguez, en un operativo realizado en el departamento que
compartían en Capital Federal. Su compañera fue liberada horas después y aunque
no pudo determinar el lugar en el que ambas fueron alojadas, la hipótesis
actual del equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es que permanecieron
en una casa operativa de la Aeronáutica dependiente de la Regional de
Inteligencia de Buenos Aires (RIBA).
La desaparición de Leticia forma parte de la causa
caratulada “Suárez Mason, Carlos Guillermo y otros s/privación ilegal de la
libertad agravada, homicidio…”, que investiga violaciones a los derechos
humanos cometidos entre 1976 y 1983, atribuidos a personal dependiente del
Primer Cuerpo del Ejército o sometido operacionalmente a él, en Capital Federal
y las provincias de Buenos Aires y La Pampa. El expediente se encuentra frenado
por falta de pruebas en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 3, a cargo
del Juez Daniel Rafecas.
Orlando
René Méndez “Toto”
Orlando René Méndez tenía una cita de contacto ese 21
de octubre de 1976. Alrededor de las 16 tomó en sus brazos a Laura con rumbo
desconocido.
—No lleves a la nena —sugirió la dueña de casa.
—Pero si voy y vuelvo —contestó. Pero nunca lo hizo.
Un grupo de tareas lo secuestró en plena calle junto a
su niña de ocho meses y lo condujo a la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA), adonde llegó sin vida.
—¿Lo
conocés? —preguntó un verdugo a Marta Álvarez, mostrándole una foto del
entrerriano.
—Claro,
es Toto —respondió
la mujer, que permanecía detenida-desaparecida en el centro clandestino.
—Cayó con una beba —le confirmó.
Desde
entonces, Marta cuidó de Laura. La
arropó, la protegió. Tuvo un sentimiento especial hacia esa pequeña, que sentía
indefensa. Fue así hasta que supo qué destino tendría. Entonces, arriesgando su
vida, Marta escribió
en un pequeño papel que esa beba era hija de Orlando René Méndez y
de Leticia
Margarita Oliva. Cuando la pequeña llegó a la Casa Cuna, el
mensaje fue descubierto en su pañal. Pronto su historia fue publicada en los
medios. Era un confuso mensaje, pero lo suficientemente claro para la madre y
los abuelos. Así, Laura fue rescatada y entregada a la familia paterna. Por
seguridad pasó unos tres meses en Concordia, al amparo de los abuelos, hasta
que Leticia llegó a buscarla. Juntas regresaron a Buenos Aires.
Leticia Margarita Oliva, desde la desaparición de Orlando, cambió
su fisonomía, dejó de tener contacto con Montoneros y abandonó la casa de
Hurlingham, en provincia de Buenos Aires, para mudarse a Capital Federal.
Intentó tener una nueva vida. Por momentos sintió que lo había logrado. Incluso
llegó a hablarlo con excompañeros de militancia, ante quienes desestimó el
exilio. Su vida transcurría entre el trabajo de administrativa en un hospital,
el estudio de Psicología Social y el departamento que compartía con una amiga y
su pequeña hija. Pero no todo era como lo pensaba.
El 27 de
diciembre de 1978, un grupo conformado por unos diez hombres de civil,
fuertemente armados, llegó al departamento. Increparon a la niñera que cuidaba
de Laura,
acusaron a Leticia de
ladrona y en medio de amenazas resolvieron que se quedarían en el lugar hasta
que ella regresara. Pidieron comida, robaron distintos elementos. Las horas
pasaron. Primero llegó Susana Miguez, la compañera de techo, que recibió
los primeros maltratos y fue atada y amordazada, y finalmente lo hizo Leticia.
Los golpes continuaron, hasta que las dos mujeres fueron sacadas del lugar con
rumbo desconocido.
Según
consta en la denuncia que efectuó la niñera tras el procedimiento, Leticia pidió
a la patota despedirse de su niña. Entonces pudo darle un beso. Fue el último
contacto que tuvieron. Laura tenía tres años y un mes.
Laura Méndez
Oliva pasó un niñez y adolescencia en
Concordia.
Durante su
secuestro, a Leticia le
permitieron hacer algunas llamadas telefónicas. Llamó un par de veces a la casa
de sus padres en Bahía Blanca, y a un teléfono en Capital Federal de la tía de
su compañero, Orlando Méndez, desaparecido dos años antes. El
último llamado fue el 7 de febrero de 1979.
Desde
entonces no se supo absolutamente nada, hasta que el equipo Argentino de
Antropología Forense (EAAF) pudo establecer que un cuerpo encontrado el 13 de
febrero de 1979 en las aguas de la costa de la localidad bonaerense de
Verónica, y que fue enterrado, una semana después, como NN en el cementerio de
Magdalena, pertenece a Leticia Oliva.
En 2005, a
partir de una denuncia realizada por las tumbas que se encontraban en Verónica
y Magdalena, comenzó una investigación, que 10 años después resulta en el
hallazgo que revela la identidad del cuerpo de Leticia Oliva.
Según relatan los habitantes de la zona, era común
encontrar cuerpos por el Río de La Plata, pero las órdenes eran que tenían que
enterrarse como NN, razón por la cuál en el caso en mención es llevado al
cementerio de la localidad vecina de Magdalena bajo una partida de defunción,
como “NN”. Así sucedía con otros cuerpos durante la dictadura genocida, ya que
provenían de los llamados vuelos de la muerte, en su mayoría con secuestrados
de la ESMA, Campo de Mayo y Fuerza Aérea. Esto además fue comprobado por los
signos que presentaban los cuerpos hallados, además de las torturas, provocados
por la caída al agua. Un dato importante, dado a conocer por quienes trabajaron
en el cementerio de Magdalena durante la dictadura, es que allí hay 43 tumbas
NN.
Así como el silencio reinaba en el pueblo donde
“mandaban” los militares, la impunidad se propagaba por décadas. Totalmente
diferente sería si los archivos de la dictadura en poder de las Fuerzas Armadas
y servicios de inteligencia y el estado mismo, se abrieran y se pusieran al
servicio de conocer el destino de los desaparecidos y de los hijos apropiados
que aún buscan su identidad.
Graciela
6/12/76, Graciela Romero, con cinco meses de embarazo,
y Raúl
Metz son secuestrados en Cutral Có. Graciela y Raúl
vivieron en Bahía Blanca, y luego se mudaron a Cutral Có, donde nació su hija
Adriana.
El
16 de diciembre de 1976 individuos fuertemente armados habían irrumpido en su
domicilio amenazando también a los vecinos. Ambos tenían 24 años y eran padres
de una niña. Según testimonio de Alicia Partnoy, durante su traslado en camioneta a
Neuquén Graciela fue
torturada en el vientre con picana eléctrica y golpeada brutalmente. Luego
ambos fueron llevados a “La Escuelita” de Bahía Blanca, en donde se encontraban
todavía en enero de 1977. Raúl era obligado a estar permanentemente
acostado en el piso con los brazos atados a la espalda. Hacía fines de enero él
fue trasladado (decían que a Neuquén). Graciela permaneció en “La Escuelita”,
obligada a estar acostada, vendada y maniatada como el resto de la gente. El
último mes de su embarazo se le permitía “caminar”. Esas caminatas, vendada,
consistían en unas diez vueltas alrededor de una mesa, sosteniéndose de su
borde. Unos días antes de dar a luz la llevaron a una casilla rodante en el patio.
El día
17 de abril dio a luz un varón, en cautiverio y
asistida por los guardias. El 23 de abril fue sacada de “La Escuelita” y
continúa desaparecida. Su hijo, según los guardias, fue entregado a uno de los
interrogadores. La hermana de Graciela, María Elena Romero,
también fue secuestrada y continúa desaparecida.
Adriana
Metz tenía un año cuando
secuestraron a sus padres y la criaron sus abuelos. En 1999 se presentó en el
juzgado de Bahía Blanca para contar su historia, y desde ese momento inició su
lucha por la búsqueda de su hermano. Sentada frente a los jueces del Tribunal
Oral, afirmó que este juicio “para la sociedad y para la historia argentina es
súper importante” pero a ella no le devuelve nada. “Y menos mientras mi hermano
no esté conmigo. Si alguno de estos señores se digna y dice dónde está mi
hermano, puede llegar a ser muchísimo más importante”.
Sirena
Sirena Acuña, hija de Ana Rosales y de Alejandrino Acuña,
nació el 22/10/51 en Plaza Huincul y era la quinta de nueve hermanos. La
primaria la hizo en la escuela 22. Le gustaba trabajar los bordados, tejidos y
también la peluquería. Creció en Barrio Central y allí estudió dactilografía en
la academia Santa Teresita, donde, ya adolescente, se cruzaba con el hijo de la
profesora cuando venía del seminario por unos días. Era Oscar Hodola y ya en el
año 71 formalizarán el noviazgo. Sirena trabajó en comercios sobre la calle Roca
de Cutral Có. Junto a Josefa, hermana de Sirena, tomaban el colectivo en el
barrio para ir a trabajar. Oscar era militante del PRT.- Sirena y Oscar
tuvieron que pasar a la clandestinidad la noche del 15 al 16 de Noviembre de
1975 debido a un operativo del ejercito que se realizo en Plaza Huincul
buscando a Oscar; él tuvo que renunciar a YPF donde era empleado Administrativo
y huir de la zona.- Sirena y Oscar son hallados en Villa Udaondo, Pcia de Bs
As, el 12 de Mayo de 1977, son secuestrados de su domicilio y están
Desaparecidos; el hijo de ambos, Pablo Marcelo, es dejado con una vecina hasta
tanto lo retire policía femenina de la Federal.-
Susana
Susana Mujica, docente de la carrera de
Servicio Social de la Universidad del Comahue, tenía 27 años cuando fue
secuestrada el 9 de junio de 1976 en su casa en Neuquén por integrantes de la
Policía Federal. A la fecha permanece desaparecida. Su madre, Beba Mujica,
luchó incansablemente para encontrarla con vida y fue una de las integrantes de
las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y Alto Valle.
En la nota, “Llegó el procesamiento por los secuestros
en Bahía Blanca”,
publicada en el diario Río Negro, el 3/02/16, se señala que el 2 de febrero de
2016, juez federal Gustavo Villanueva firmó el procesamiento de jefes
militares del Comando y el Batallón neuquinos y del Comando del V Cuerpo en
Bahía.
“El dictamen involucró a altos
jefes militares, de inteligencia y de la sección “combate” del V Cuerpo como
Juan Manuel Bayon, Norberto Condal, Jorge Granada, Carlos Alberto Taffarel,
Osvaldo Bernardino Paez, Carlos Andres Stricker y Walter Bartolome Tejada.
De la región, los procesamientos recayeron
sobre jefes militares como Oscar Lorenzo Reinhold, Luis Farías Barrera, Enrique
Olea, Eduardo Molina Ezcurra, Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale, Raúl
Gulglielminetti, Jorge Soza, Osvaldo Laurella Crippa y Miguel Angel Cancrini,
entre otros.
Todos fueron procesados por los secuestros
ilegales del grupo de estudiantes y profesoras universitarias del Comahue, del
grupo de teatro y artistas que fue perseguido por inteligencia de
Guglielminetti y por el grupo de tareas que tenía conexión con el ex rector de
la UNC durante la interención, Remus Tetu.
En el caso de los desaparecidos de los
cuales aún no se sabe su destino final, el juezVillanueva acusó de homicidio a
los jefes militares y jefes de inteligencia además de los tormentos y el
secuestro. Los consideró autores del asesinato de las
desaparecidas Cecilia Vecchi, Susana Mujica, Alicia Pifarré, Arlene
Seguel, Carlos Schedan, Mirta Tronelli, Jorge Asenjo y Carlos Chávez.
La investigación de casos emblemáticos de
desaparición forzada de personas durante la dictadura militar en la región
llegó finalmente a una instancia de procesamiento para un posterior juicio,
luego de que el juez federal Gustavo Villanueva firmara ayer (02/02) el
procesamiento de jefes militares del Comando y el Batallón neuquinos y del Comando
del V Cuerpo en Bahía”.
En el pedido de indagatoria a magistrados Alto
Valle y Neuquén,
realizado por Adrián García Lois, Fiscal federal subrogante, Unidad fiscal de
asistencia para causas por violaciones a los DDHH cometidas durante el
Terrorismo de Estado Jurisdicción Neuquén, se señala:
“Susana Mujica tenía 27 años,
era docente de la carrera de Servicio Social en la UNCo y militante de la
agrupación política PRT-ERP. Unos meses antes del secuestro, Jorge Raúl
Chaneton, quien era guardia de la Aduana de Neuquén, le avisó que Raúl Guglielminetti
le había dicho que estaban investigándola. Dos días antes de los hechos,
Eduardo París (secuestrado el mismo día que la víctima) había sido advertido
por un suboficial de apellido Schiavone1, que en 48 horas iba a haber un
operativo contra el ERP. El mismo día de su secuestro, en horas de la
madrugada, efectivos del Ejército allanaron la casa de su madre, Josefa Lepori,
en Migueletes 863 2º “b” de Capital Federal destrozando y llevándose bienes.
Horas antes de su secuestro, habían sido detenidos ilegalmente, en el mismo
domicilio que la víctima, Darío Altomaro, Lucio Espíndola y Cecilia Vecchi.
El 9 de junio de 1976 alrededor de las
16:30 hs. dos personas vestidas de civil llamaron a la puerta de la casa de la
víctima, ubicada en la calle Hipólito Irigoyen 597 de la ciudad de Neuquén, y
mostraron a Josefa Leppori una credencial que no le dejaron ver detenidamente.
Dijeron ser de la Policía Federal y preguntaron por su hija Susana Mujica. Tras
ellos había cuatro sujetos más que portaban armas largas e iban vestidos con
camperas negras, birretes o “casquetes” de color oscuro y pantalones metidos en
sus borceguíes. Éstos últimos se apostaron en distintos lugares del interior de
la casa, a la espera de Susana Mujica. Mientras tanto, los sujetos de traje comenzaron
a sacar de los muebles de la casa libros y papeles, rompieron colchones y
buscaron en el caño de la chimenea-hogar.
Alrededor de las 18:00 hs.
llegaron Lucio
Espíndola y Darío Altomaro, quienes fueron detenidos y
llevados del lugar. Entre las 20 y 20:30 hs. Susana Mujica llegó a la vivienda.
Al ingresar fue maniatada, se produjo un forcejeo, le quitaron a su hija de sus
brazos y le impidieron abrazar a su madre quien sólo alcanzó a ponerle un
tapado sobre los hombros. Josefa Lepori escuchó varios vehículos irse, y luego
se dirigió al Comando VI BIM donde no fue recibida.
Susana Mujica fue llevada
desde su casa a la Delegación Neuquén de la PFA, donde Darío Altomaro escuchó
cuando en un momento dijeron “aquí llegó Susanita”, al tiempo que también la
identificó por su voz diciendo a los captores: “no me empujen” o “no me
toquen”. Ya entrada la noche, Darío Altomaro, Alicia Villaverde, Susana Mujica, Lucio Espíndola y
muy posiblemente Cecilia Vecchi fueron introducidos en
una camioneta, tapados con una lona y luego de andar un tiempo llegaron a lo
que a los sobrevivientes les pareció un descampado. Allí fueron introducidos a
un inmueble cuya descripción indica estaba dentro del CCD “La Escuelita” de
Neuquén ubicado en terrenos linderos al BIC 181. También fue conducido
allí Eduardo
París, quien escuchó en el CCD a una mujer pedir que la
soltaran porque había tenido un hijo o había sido operada, tratándose muy
posiblemente de Susana Mujica.
A partir de ese momento no es
posible reconstruir fehacientemente su itinerario, porque mientras a Alicia Villaverde le
pareció que viajó junto con ella a Bahía Blanca, y la reconoce en el CCD “La
Escuelita” de esa ciudad apenas ingresa al mismo el 10 de junio; la víctima
Nora Rivera cree haber identificado a Susana Mujica en
el vuelo que la trasladó a Bahía Blanca el martes 15 de junio junto a Gladis Sepúlveda, Elida
Sifuentes, Jorge Asenjo y Carlos Schedan,
entre otros.
Sea como fuere, Susana Mujica fue
reconocida en “La Escuelita” de Bahía Blanca luego del 15 de junio por Dora Seguel, Eduardo Guillermo
Buamscha, Argentina Seguel, Nora Rivera y Gladis Sepúlveda. La última referencia la aportó ésta
última cuando el 16 o 17 de junio escuchó que la sacaban con forcejeos de ese
lugar junto a Cecilia Vecchi y relató que guardias del CCD les
comentaron que las habían llevado a “la jaula”. Susana Mujica permanece
desaparecida.
Mientras su hija estuvo
cautiva Josefa Lepori denunció su secuestro ante el comisario Jorge Ramón
González en la Delegación Neuquén de la PFA, ante la Policía Provincial de
Neuquén y al Comando de Sexta Brigada, en todos los casos con resultados
negativos. El 12 de junio el Jefe de Policía de Neuquén, Teniente Coronel
Osvaldo Laurella Crippa, envió una nota al Jefe de la Policía Federal, Ramón
González, en la que le informó que no se impartió orden de detención
contra Susana
Mujica ni se encontraba detenida en ninguna dependencia de
esa institución. También se entrevistó el 10 de junio con el Jefe I-Personal
mayor Luis Alberto Farías Barrera, quien negó en aquella audiencia que el EA
hubiera participado de la desaparición de su hija. En los días subsiguientes
Josefa Lepori concurrió diariamente al Comando VI BIM, siendo atendida siempre
por Farías Barrera con idénticos resultados.
Mientras tanto, recibió en la vivienda de
su hija constantes amenazas telefónicas en las cuales la increpaban a abandonar
la casa advirtiéndole que en caso contrario colocarían una bomba que mataría a
sus nietos.
Cuatro días después del
secuestro, el domingo 13 de junio de 1976, el diario “Río Negro” publicó una
breve nota sobre los “presuntos secuestros” de Alicia Villaverde, Susana
Mujica, Alicia Pifarré, César Dante Giliberto y Darío Altomaro,
que motivó una respuesta del Comando de la Subzona 52 publicada el domingo 20
de junio, en la que las autoridades militares reconocían que se habían
practicado detenciones a “subversivos”, en los últimos días, relacionadas con
el PRT-ERP.
El Comandante del Comando VI BIM, general
José Luis Sexton recordó que en oportunidad de asumir el puesto el 23 de junio
de 1976 en Neuquén, el segundo comandante Contreras Santillán le informó que se
habían realizado detenciones durante los días anteriores y que los arrestados
habían sido trasladados al V Cuerpo de Ejército en Bahía Blanca.
Al 17 de marzo de 1977 el PEN no había
dictado orden de detención respecto de la víctima. Las circunstancias que
rodearon al secuestro de Susana Mujica, su militancia política activa al
momento de los hechos y su relación con personas vinculadas a organizaciones
políticas que también fueron víctimas del terrorismo de Estado, indican que los
hechos delictivos cometidos a su respecto constituyeron una forma de
persecución política”.
Los días en un infierno sin el abrazo de
sus hijos
Hacía un poco más de dos semanas había
nacido su segundo hijo (Martín) por cesárea, y ese miércoles 9 de junio de
1976, Susana Mujica debía hacerse unos controles médicos. Caminó las calles de
la ciudad sabiendo de las detenciones y secuestros de los que habían sido
víctimas algunos de sus conocidos, muchos de ellos docentes y estudiantes de la
Universidad Nacional del Comahue -intervenida por Remus Tetu-, donde era
profesora de Antropología Social y Cultural en la carrera de Servicio Social.
Ya
había oscurecido, las calles se poblaban de policías que, unas horas antes,
habían detenido ilegalmente a Darío Altomaro y Lucio Espíndola, entre otros.
Personas vestidas de civil, que dijeron ser de la Policía Federal, y otras que
portaban armas largas irrumpieron en la casa de Irigoyen 597 donde se
encontraba Josefa Lepori, conocida como Beba, la madre de Susana, quien
militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). También
estaba Cecilia
Vecchi, una de sus alumnas de la facultad. Mientras los hombres
armados esperaban la llegada de su “presa”, se dedicaron a sacar muebles,
libros y papeles, y hasta rompieron los colchones.
Ni bien llegó Susana a la casa, cerca de las 20:30, fue maniatada, le quitaron
a su hija Matilde de los brazos y le impidieron abrazar a su madre, quien
apenas alcanzó a colocarle un tapado sobre los hombros.
Susana
fue metida a los empujones en un vehículo -lo mismo hicieron con la joven
alumna- que se dirigió hasta la delegación de la Policía Federal, en la calle
Santiago del Estero 136, donde ya estaban Altomaro, Espíndola y Alicia
Villaverde, entre otros.
De inmediato, su madre se dirigió al Comando de la VI Brigada de Infantería de
Montaña sobre la Avenida Argentina, pero nadie la recibió. No lo sabía en ese
momento, pero quien comandó el operativo en su casa fue el agente de
Inteligencia del Ejército, Raúl Guglielminetti, que actuaba con la falsa
identidad de “mayor Rogelio Guastavino”. Después los subieron a una camioneta,
los taparon con una lona y los llevaron a un descampado, probablemente al
terreno donde funcionaba desde hacía muy poco el centro clandestino de
detención La Escuelita, ubicado al fondo del predio del Batallón, donde
permaneció alrededor de una semana.
Susana junto con otros secuestrados fueron
llevados en avión hasta Bahía Blanca, donde permanecieron en otro centro
clandestino, también llamado La Escuelita. En esa oscuridad del horror, sus
torturadores la insultaban porque había sido mamá, y ella clamaba por agua y
por unos remedios que necesitaba tomar. Pensaba en sus hijos y recordaba las
canciones que le cantaba a su pequeña de dos años.
El
16 o 17 de junio, Gladis Sepúlveda, quien la conocía de la
universidad y recordó su voz durante esos días de cautiverio, escuchó unos
forcejeos e insultos cuando los guardias la sacaron del lugar -junto con Vecchi– con
destino incierto. Desde ese momento, nunca más se supo de Susana Mujica.
Su madre, Beba, sintió la humillación de parte de Luis Alberto Farías Barrera y
Oscar Reinhold cuando iba hasta el comando para saber algo sobre su hija y le
decían que ellos no sabían nada.
Beba luchó incansablemente para
encontrarla con vida ante el silencio cruel de los militares. Un tiempo
después, se convertiría en una de las principales referentes de Madres de Plaza
de Mayo de Neuquén y Alto Valle -que marchó hasta su muerte a los 87 años, en
marzo de 2003- gritando: “Con vida los llevaron, con vida los queremos”.
Mónica
13/06/76. Mónica Morán es secuestrada en
Bahía Blanca. Se desempeñó como no docente en la Secretaría de Bienestar
Universitario de la Universidad Nacional del Comahue en Neuquén. Maestra,
artista plástica, titiritera y actriz, construía muñecos y escribía los textos
de sus obras. Ingresó a trabajar en la UNCo en 1973. La llegada del
“interventor” Remus Tetu, de connotada vinculación con el accionar de la
“Triple A”, significó que profesores y no docentes fueran expulsados de la
Universidad del Comahue en 1975. Entre ellos Mónica, que decidió regresar a su
Bahía Blanca natal.
Fue secuestrada de la sala “La Ranchería”,
de Rondeau 220 de Bahía Blanca, sede del afamado Teatro independiente “Alianza”
del cual había egresado. Cinco chacales, con vestimenta civil y “armados con
pistolas y ametralladoras de las comúnmente utilizadas por la policía y fuerzas
armadas”, como constan en las denuncias que se hicieron, interrumpieron el
trabajo de los artistas. Ordenaron “tenderse boca abajo y con las manos contra
el piso”. Ignacio Aguirre preguntó a los asaltantes qué querían. Por toda
respuesta, desde arriba suyo le cayó una tremenda patada en la cabeza, mientras
otro de los agresores insistía a los gritos preguntando por Mónica. “¿Quién es
Mónica Morán?”, “¿Quién es Mónica Morán?”. Tras identificarse, alzando su
documento de identidad, con un claro, firme, “yo”, comenzó su secuestro.
En la delegación local de la Policía
Federal, al exponer sus compañeros sobre lo ocurrido, recibieron el frío trato
de la indiferencia. De igual modo se los atendió en la también cercana
Seccional Segunda de la policía provincial y en el Comando Radioeléctrico. En
estas dependencias no hubo escribientes para recibir denuncia alguna y ante la
insistencia para que alguien tomara nota, lo escrito fue en recortes de papel,
“que con esto es más que suficiente”.
El siguiente paso fue informar a la familia.
Un hermano suyo, suponiendo que su grado de oficial de la marina de guerra le
permitiría saber datos ciertos del paradero de Mónica, obtenidos de sus
superiores en Puerto Belgrano, recibió del Servicio de Informaciones Navales
(SIN) la confirmación de que “la detención se produjo con intervención de
fuerzas del Comando del Vº Cuerpo de Ejército y que se encontraba bien”.
Cabe recordar aquí una figura que tiene
mucho que ver en todo este asunto y es la de Acdel Vilas, que estuvo al mando
del Operativo Independencia en Tucumán en 1975 y, posteriormente actuó en 1976
como segundo comandante del V Cuerpo de Ejército (Bahía Blanca) y jefe de la
subzona militar 51. En Bahía Blanca se lo recuerda pistola en mano, conduciendo
los operativos de control de la población y las llamadas “operaciones
rastrillo”, que con el pretexto de buscar o perseguir “subversivos”, dejaban
una estela de vejaciones, robos y secuestros.
Ante el transcurso de las horas y la
carencia de novedades ciertas sobre su paradero, los padres de Mónica,
anoticiados de que un vecino de ellos era sacerdote católico y capellán del Vº
Cuerpo de Ejército, tomaron contacto con él. El clérigo “Hizo tratativas” y les
informó que “había visto a Mónica; que se encontraba bien y que posiblemente
quedaría a disposición del Poder Ejecutivo”. Semejante noticia –que a la
distancia se nos ocurre configura encubrimiento– llevó alivio a la familia. No
obstante, allegados a ellos les recomendaron hacer denuncias que en todos los
casos rechazaron “para no empeorar las cosas”. Ni siquiera un “hábeas corpus”.
Nada. Y decidieron esperar.
El día 24 de junio de 1976, en la
noticiero televisivo del mediodía se expuso: “En un operativo realizado por el
Vº Cuerpo de Ejército, en un domicilio de la calle Santiago del Estero y a raíz
de haberse producido un enfrentamiento armado, fueron abatidos cuatro elementos
subversivos, habiendo sido identificados sólo uno de ellos: Mónica Morán, de 27
años, maestra, domiciliada en Bahía Blanca, procurándose la identificación de
los cadáveres restantes”. Se anunciaba así el primer homicidio aplicando las
técnicas del Terrorismo de Estado en Bahía Blanca.
Complementariamente, las autoridades
militares dieron a conocer un “frondoso prontuario guerrillero” de la víctima.
Mintieron, asegurando “que luego de haber sido detenida fue puesta en libertad
y del Vº Cuerpo fue directamente al domicilio de la calle Santiago del Estero,
donde se reunió con otras tres personas… Habiéndosela seguido, se procuró su
arresto y siendo contestada la intimación por disparos que fueron repelidos, el
resultado fue el abatimiento de todos”.
Acerca del fraguado “combate”, jamás se
informó sobre la identidad, edad, sexo o filiación de los otros tres presuntos
caídos.
El juez Baltasar Garzón
ratificó todo lo que había probado el trabajo de los jueces de la Cámara
Federal bahiense: la única víctima en la casa de Nicaragua 905, esquina
Santiago del Estero 376, la madrugada del 24 de junio de 1976, fue Mónica Morán.
Los otros supuestos masacrados, sólo fueron producto de la mentira que armó
Acdel Vilas: de “acción psicológica de la guerra” calificó comunicados como el
que dio cuenta del crimen cometido en perjuicio de Mónica. Sus confesiones
primeras de todo esto constan en las actas del Juicio a las Juntas; en las del
Juicio por la Verdad en Bahía Blanca y en los fundamentos del pedido de captura
internacional de decenas de militares asesinos emitida por Baltasar Garzón.
Se supo y probó que Mónica fue brutalmente
torturada en “La Escuelita” del Vº Cuerpo de Ejército en Bahía Blanca; que la
dignidad de un joven soldado médico permitió, a través de su testimonio, saber
que durante la noche del 23 de junio de 1976, en uno de los baños de esa
dependencia, fue masacrada a ráfaga de ametralladora; que en el momento de ser
secuestrada en el teatro “La Ranchería”, asistía Néstor Hernández, sicario
disfrazado de alumno (en realidad, agente encubierto de la SIDE) cuyo trabajo
de espía normalmente lo cubría en la desaparecida ENTEL, en el turno noche; que
en el lugar donde según las versiones militares “fue abatida”, supo funcionar
la “Editora Nacional”, un pequeño negocio de imprenta y fotocopias cuyas
persianas enclenques permitían el acceso fácil desde el exterior al salón y a
la casa de familia que componían el edificio, abandonado desde mediados de
diciembre de 1975 y saqueado por fuerzas policiales al alba del 29 de diciembre
de ese año, tres meses antes del golpe del 24 de marzo, según consta en
archivos recuperados de la bonaerense.
Enlaces:
https://www.unter.org.ar/2016/02/16/leticia-margarita-oliva/
https://www.unter.org.ar/2016/01/26/graciela-romero-y-raul-metz/
https://www.unter.org.ar/2016/03/06/oscar-luis-hodola-y-sirena-acuna/
https://www.unter.org.ar/2016/02/21/susana-mujica/
https://actores.org.ar/monica-moran/
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Reunión de la Información realizada por:
Familiares de Detenidos Desaparecidos; ex Presas y ex Presos Políticos de
Cutral Co y Plaza Huincul
H.I.J.O.S. Cutral Co – Plaza Huincul
Abril 2026
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