domingo, 26 de abril de 2026

MUJERES DE CUTRAL CO Y PLAZA HUINCUL SECUESTRADAS Y DESAPARECIDAS

 

MUJERES DE CUTRAL CO Y PLAZA HUINCUL SECUESTRADAS Y DESAPARECIDAS

A 50 AÑOS DEL ULTIMO GOLPE DE ESTADO EN ARGENTINA

1976 – 2026

Compilación

El siguiente es un detalle de las mujeres trabajadoras, vecinas y Compañeras que lucharon por un modelo de país distinto, con mayor igualdad, sin pobrezas y por el cual fueron perseguidas, detenidas, secuestradas, torturadas y luego Desaparecidas. -

Ellas Son:

·         Arlenne Seguel

·         Leticia Margarita Oliva

·         Graciela Romero de Metz

·         Sirena Acuña

Vivieron en Plaza Huincul y Cutral Co y fueron secuestradas y Desaparecidas:

·         Susana Mujica

·         Mónica Moran

 



Arlenne

Arlene nació el 31 de marzo de 1955 en Plaza Huincul, Neuquen.-

Su padre trabajaba en YPF (principal actividad de esa ciudad) y su madre era ama de casa. Arlene tenía 4 hermanas menores.

Fue muy buena estudiante en primaria y secundaria, la notaban "distinta" a sus hermanas, siempre preocupada por lo que pasaba a su alrededor: la indiferencia no era su característica. Tampoco se la escuchó quejarse por sus problemas de salud, siendo niña había perdido un riñón. Algunos opinan que fue por un golpe muy fuerte en la zona lumbar al caerse un día de "esos vientos" de Cutral Co. Fue operada en el hospital de Plaza Huincul, que en ese entonces se podía considerar de alta complejidad.

Era morocha, alta, delgada, tenía el pelo negro y era muy vivaz según la recuerdan algunos familiares. Era estudiante de Servicio Social en la UNCo y vivía en la ciudad de Neuquén, a veces en la residencia universitaria. No quería que sus padres gastaran la plata que no tenían en mantenerla. Siempre decía que con “un vaquerito y un pullóver” se arreglaba.

Conocía los barrios humildes de Neuquén, a los que visitaba por sus prácticas de Servicio Social, pero también porque lo deseaba, porque le hacía bien estar allí, al lado del compromiso. Se la escuchaba comentar: "vi chicos durmiendo sobre un cuerito, se orinaban y al otro día como no alcanzaba a secarse volvían a acostarse sobre el mismo..." Le dolía la pobreza y sobre todo la desigualdad.

Arlene era militante del PRT-ERP.

Un artículo cuenta como era su forma de ser:

Cómo explicarles, ella era así, un aire fresco que te sacudía con su alegría y su derroche de energía y creatividad, constantemente entraba y salía de casa con esa libertad que nos dieron nuestros padres.

Llegar cantando, o desde la vereda llamando a mi mamá o a alguna de nosotras con esa urgencia que tiene la adolescencia; era tan cotidiano.

Su madurez para esos recientes 21 años era realmente con mayúscula y venía desde siempre. Enfrentar los problemas y ponerse al frente de las adversidades era algo tan natural en ella, como hacer una torta un sábado por la tarde, compartir un café ó el aroma de sus cigarrillos Particulares 30 que fumaba.

Tener ideales comunitarios, sentir que todos podíamos y debíamos ayudar al que lo necesitaba, no importaba el tamaño de la ayuda, pintar un móvil, juntar ropa, poner la oreja cuando algún amigo hasta para irse a estudiar Servicio Social a Neuquén, comprendiendo que el servicio social no se podía limitar a la entrega de chapas y colchones, sino un cambio donde la palabra dignidad jugaba un papel fundamental, el cambio debía ser mucho más profundo y solidario.

¿Quién fue Arlene? Fue una hija que jamás volvió, una hermana, compañera, amiga, cómplice, es un sueño…a veces, un grito, lagrimas, risas, es su pelo negro y lacio al viento, es caminar los días de lluvia, es cantar temas de Violeta Parra, es un café caliente, es un motor que no se detiene, es un reto cuando bajamos la guardia, es esperanza en el futuro, honestidad, contención, calma.

Arlene fue secuestrada de su domicilio familiar en Cutral-Co el 12 de junio de 1976. Pasó por La Escuelita de Bahía Blanca y la de Neuquén. Aún se encuentra desaparecida.

Arlene tenía 21 años.

¡ARLENE PRESENTE! ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

 



Leticia

27/12/78. Leticia Margarita Oliva nació el 26 de agosto de 1948 en Plaza Huincul, Neuquén. Fue secuestrada el 27 de diciembre de 1978 junto a Susana Míguez, en un operativo realizado en el departamento que compartían en Capital Federal.

Su padre, Juan Bautista Lorenzo Oliva, era inspector de YPF y su madre, Margarita Carmen Bellocchio, ama de casa. En su juventud comenzó a militar en Montoneros, donde la llamaban Naty, junto a su esposo Orlando René Méndez, Toto. Del ’74 al ’76 Leticia militó en la Agrupación Evita de Montoneros y compartió tareas con Marta Álvarez. En la iglesia Santa Amelia de Capital Federal organizaron junto a otras mujeres una guardería para los niños del barrio. En 1976 Marta fue secuestrada y llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció hasta el inicio de la democracia. Estando en cautiverio tomó conocimiento de que Toto había caído con su beba y había muerto por haber ingerido “la pastilla”. Marta pidió cuidar a la nena el tiempo que fuera necesario y, antes que la llevaran para dejarla en Casa Cuna, escribió en un papelito informando que era hija de Orlando Méndez, militante montonero. Gracias a esa nota la familia de Laura dio con ella.

Leticia fue secuestrada el 27 de diciembre de 1978 junto a Susana Míguez, en un operativo realizado en el departamento que compartían en Capital Federal. Su compañera fue liberada horas después y aunque no pudo determinar el lugar en el que ambas fueron alojadas, la hipótesis actual del equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es que permanecieron en una casa operativa de la Aeronáutica dependiente de la Regional de Inteligencia de Buenos Aires (RIBA).

La desaparición de Leticia forma parte de la causa caratulada “Suárez Mason, Carlos Guillermo y otros s/privación ilegal de la libertad agravada, homicidio…”, que investiga violaciones a los derechos humanos cometidos entre 1976 y 1983, atribuidos a personal dependiente del Primer Cuerpo del Ejército o sometido operacionalmente a él, en Capital Federal y las provincias de Buenos Aires y La Pampa. El expediente se encuentra frenado por falta de pruebas en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 3, a cargo del Juez Daniel Rafecas.

Orlando René Méndez “Toto”

Orlando René Méndez tenía una cita de contacto ese 21 de octubre de 1976. Alrededor de las 16 tomó en sus brazos a Laura con rumbo desconocido.

—No lleves a la nena —sugirió la dueña de casa.

—Pero si voy y vuelvo —contestó. Pero nunca lo hizo.

Un grupo de tareas lo secuestró en plena calle junto a su niña de ocho meses y lo condujo a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), adonde llegó sin vida.

—¿Lo conocés? —preguntó un verdugo a Marta Álvarez, mostrándole una foto del entrerriano.

—Claro, es Toto —respondió la mujer, que permanecía detenida-desaparecida en el centro clandestino.

—Cayó con una beba —le confirmó.

Desde entonces, Marta cuidó de Laura. La arropó, la protegió. Tuvo un sentimiento especial hacia esa pequeña, que sentía indefensa. Fue así hasta que supo qué destino tendría. Entonces, arriesgando su vida, Marta escribió en un pequeño papel que esa beba era hija de Orlando René Méndez y de Leticia Margarita Oliva. Cuando la pequeña llegó a la Casa Cuna, el mensaje fue descubierto en su pañal. Pronto su historia fue publicada en los medios. Era un confuso mensaje, pero lo suficientemente claro para la madre y los abuelos. Así, Laura fue rescatada y entregada a la familia paterna. Por seguridad pasó unos tres meses en Concordia, al amparo de los abuelos, hasta que Leticia llegó a buscarla. Juntas regresaron a Buenos Aires.

Leticia Margarita Oliva, desde la desaparición de Orlando, cambió su fisonomía, dejó de tener contacto con Montoneros y abandonó la casa de Hurlingham, en provincia de Buenos Aires, para mudarse a Capital Federal. Intentó tener una nueva vida. Por momentos sintió que lo había logrado. Incluso llegó a hablarlo con excompañeros de militancia, ante quienes desestimó el exilio. Su vida transcurría entre el trabajo de administrativa en un hospital, el estudio de Psicología Social y el departamento que compartía con una amiga y su pequeña hija. Pero no todo era como lo pensaba.

El 27 de diciembre de 1978, un grupo conformado por unos diez hombres de civil, fuertemente armados, llegó al departamento. Increparon a la niñera que cuidaba de Laura, acusaron a Leticia de ladrona y en medio de amenazas resolvieron que se quedarían en el lugar hasta que ella regresara. Pidieron comida, robaron distintos elementos. Las horas pasaron. Primero llegó Susana Miguez, la compañera de techo, que recibió los primeros maltratos y fue atada y amordazada, y finalmente lo hizo Leticia. Los golpes continuaron, hasta que las dos mujeres fueron sacadas del lugar con rumbo desconocido.

Según consta en la denuncia que efectuó la niñera tras el procedimiento, Leticia pidió a la patota despedirse de su niña. Entonces pudo darle un beso. Fue el último contacto que tuvieron. Laura tenía tres años y un mes.

Laura Méndez Oliva pasó un niñez y adolescencia en Concordia.

Durante su secuestro, a Leticia le permitieron hacer algunas llamadas telefónicas. Llamó un par de veces a la casa de sus padres en Bahía Blanca, y a un teléfono en Capital Federal de la tía de su compañero, Orlando Méndez, desaparecido dos años antes. El último llamado fue el 7 de febrero de 1979.

Desde entonces no se supo absolutamente nada, hasta que el equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pudo establecer que un cuerpo encontrado el 13 de febrero de 1979 en las aguas de la costa de la localidad bonaerense de Verónica, y que fue enterrado, una semana después, como NN en el cementerio de Magdalena, pertenece a Leticia Oliva.

En 2005, a partir de una denuncia realizada por las tumbas que se encontraban en Verónica y Magdalena, comenzó una investigación, que 10 años después resulta en el hallazgo que revela la identidad del cuerpo de Leticia Oliva.

Según relatan los habitantes de la zona, era común encontrar cuerpos por el Río de La Plata, pero las órdenes eran que tenían que enterrarse como NN, razón por la cuál en el caso en mención es llevado al cementerio de la localidad vecina de Magdalena bajo una partida de defunción, como “NN”. Así sucedía con otros cuerpos durante la dictadura genocida, ya que provenían de los llamados vuelos de la muerte, en su mayoría con secuestrados de la ESMA, Campo de Mayo y Fuerza Aérea. Esto además fue comprobado por los signos que presentaban los cuerpos hallados, además de las torturas, provocados por la caída al agua. Un dato importante, dado a conocer por quienes trabajaron en el cementerio de Magdalena durante la dictadura, es que allí hay 43 tumbas NN.

Así como el silencio reinaba en el pueblo donde “mandaban” los militares, la impunidad se propagaba por décadas. Totalmente diferente sería si los archivos de la dictadura en poder de las Fuerzas Armadas y servicios de inteligencia y el estado mismo, se abrieran y se pusieran al servicio de conocer el destino de los desaparecidos y de los hijos apropiados que aún buscan su identidad.

 



Graciela

6/12/76, Graciela Romero, con cinco meses de embarazo, y Raúl Metz son secuestrados en Cutral Có. Graciela y Raúl vivieron en Bahía Blanca, y luego se mudaron a Cutral Có, donde nació su hija Adriana.

El 16 de diciembre de 1976 individuos fuertemente armados habían irrumpido en su domicilio amenazando también a los vecinos. Ambos tenían 24 años y eran padres de una niña. Según testimonio de Alicia Partnoy, durante su traslado en camioneta a Neuquén Graciela fue torturada en el vientre con picana eléctrica y golpeada brutalmente. Luego ambos fueron llevados a “La Escuelita” de Bahía Blanca, en donde se encontraban todavía en enero de 1977. Raúl era obligado a estar permanentemente acostado en el piso con los brazos atados a la espalda. Hacía fines de enero él fue trasladado (decían que a Neuquén). Graciela permaneció en “La Escuelita”, obligada a estar acostada, vendada y maniatada como el resto de la gente. El último mes de su embarazo se le permitía “caminar”. Esas caminatas, vendada, consistían en unas diez vueltas alrededor de una mesa, sosteniéndose de su borde. Unos días antes de dar a luz la llevaron a una casilla rodante en el patio. El día 17 de abril dio a luz un varón, en cautiverio y asistida por los guardias. El 23 de abril fue sacada de “La Escuelita” y continúa desaparecida. Su hijo, según los guardias, fue entregado a uno de los interrogadores. La hermana de Graciela, María Elena Romero, también fue secuestrada y continúa desaparecida.

Adriana Metz tenía un año cuando secuestraron a sus padres y la criaron sus abuelos. En 1999 se presentó en el juzgado de Bahía Blanca para contar su historia, y desde ese momento inició su lucha por la búsqueda de su hermano. Sentada frente a los jueces del Tribunal Oral, afirmó que este juicio “para la sociedad y para la historia argentina es súper importante” pero a ella no le devuelve nada. “Y menos mientras mi hermano no esté conmigo. Si alguno de estos señores se digna y dice dónde está mi hermano, puede llegar a ser muchísimo más importante”.

 



Sirena

Sirena Acuña, hija de Ana Rosales y de Alejandrino Acuña, nació el 22/10/51 en Plaza Huincul y era la quinta de nueve hermanos. La primaria la hizo en la escuela 22. Le gustaba trabajar los bordados, tejidos y también la peluquería. Creció en Barrio Central y allí estudió dactilografía en la academia Santa Teresita, donde, ya adolescente, se cruzaba con el hijo de la profesora cuando venía del seminario por unos días. Era Oscar Hodola y ya en el año 71 formalizarán el noviazgo. Sirena trabajó en comercios sobre la calle Roca de Cutral Có. Junto a Josefa, hermana de Sirena, tomaban el colectivo en el barrio para ir a trabajar. Oscar era militante del PRT.- Sirena y Oscar tuvieron que pasar a la clandestinidad la noche del 15 al 16 de Noviembre de 1975 debido a un operativo del ejercito que se realizo en Plaza Huincul buscando a Oscar; él tuvo que renunciar a YPF donde era empleado Administrativo y huir de la zona.- Sirena y Oscar son hallados en Villa Udaondo, Pcia de Bs As, el 12 de Mayo de 1977, son secuestrados de su domicilio y están Desaparecidos; el hijo de ambos, Pablo Marcelo, es dejado con una vecina hasta tanto lo retire policía femenina de la Federal.-


Susana

Susana Mujica, docente de la carrera de Servicio Social de la Universidad del Comahue, tenía 27 años cuando fue secuestrada el 9 de junio de 1976 en su casa en Neuquén por integrantes de la Policía Federal. A la fecha permanece desaparecida. Su madre, Beba Mujica, luchó incansablemente para encontrarla con vida y fue una de las integrantes de las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y Alto Valle.

En la nota, “Llegó el procesamiento por los secuestros en Bahía Blanca”, publicada en el diario Río Negro, el 3/02/16, se señala que el 2 de febrero de 2016,  juez federal Gustavo Villanueva firmó el procesamiento de jefes militares del Comando y el Batallón neuquinos y del Comando del V Cuerpo en Bahía.

El dictamen involucró a altos jefes militares, de inteligencia y de la sección “combate” del V Cuerpo como Juan Manuel Bayon, Norberto Condal, Jorge Granada, Carlos Alberto Taffarel, Osvaldo Bernardino Paez, Carlos Andres Stricker y Walter Bartolome Tejada.

De la región, los procesamientos recayeron sobre jefes militares como Oscar Lorenzo Reinhold, Luis Farías Barrera, Enrique Olea, Eduardo Molina Ezcurra, Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale, Raúl Gulglielminetti, Jorge Soza, Osvaldo Laurella Crippa y Miguel Angel Cancrini, entre otros.

Todos fueron procesados por los secuestros ilegales del grupo de estudiantes y profesoras universitarias del Comahue, del grupo de teatro y artistas que fue perseguido por inteligencia de Guglielminetti y por el grupo de tareas que tenía conexión con el ex rector de la UNC durante la interención, Remus Tetu.

En el caso de los desaparecidos de los cuales aún no se sabe su destino final, el juezVillanueva acusó de homicidio a los jefes militares y jefes de inteligencia además de los tormentos y el secuestro. Los consideró autores del asesinato de las desaparecidas Cecilia Vecchi, Susana Mujica, Alicia Pifarré, Arlene Seguel, Carlos Schedan, Mirta Tronelli, Jorge Asenjo y Carlos Chávez.

La investigación de casos emblemáticos de desaparición forzada de personas durante la dictadura militar en la región llegó finalmente a una instancia de procesamiento para un posterior juicio, luego de que el juez federal Gustavo Villanueva firmara ayer (02/02) el procesamiento de jefes militares del Comando y el Batallón neuquinos y del Comando del V Cuerpo en Bahía”.

En el pedido de indagatoria a magistrados Alto Valle y Neuquén, realizado por Adrián García Lois, Fiscal federal subrogante, Unidad fiscal de asistencia para causas por violaciones a los DDHH cometidas durante el Terrorismo de Estado Jurisdicción Neuquén, se señala:

“Susana Mujica tenía 27 años, era docente de la carrera de Servicio Social en la UNCo y militante de la agrupación política PRT-ERP. Unos meses antes del secuestro, Jorge Raúl Chaneton, quien era guardia de la Aduana de Neuquén, le avisó que Raúl Guglielminetti le había dicho que estaban investigándola. Dos días antes de los hechos, Eduardo París (secuestrado el mismo día que la víctima) había sido advertido por un suboficial de apellido Schiavone1, que en 48 horas iba a haber un operativo contra el ERP. El mismo día de su secuestro, en horas de la madrugada, efectivos del Ejército allanaron la casa de su madre, Josefa Lepori, en Migueletes 863 2º “b” de Capital Federal destrozando y llevándose bienes. Horas antes de su secuestro, habían sido detenidos ilegalmente, en el mismo domicilio que la víctima, Darío Altomaro, Lucio Espíndola y Cecilia Vecchi.

El 9 de junio de 1976 alrededor de las 16:30 hs. dos personas vestidas de civil llamaron a la puerta de la casa de la víctima, ubicada en la calle Hipólito Irigoyen 597 de la ciudad de Neuquén, y mostraron a Josefa Leppori una credencial que no le dejaron ver detenidamente. Dijeron ser de la Policía Federal y preguntaron por su hija Susana Mujica. Tras ellos había cuatro sujetos más que portaban armas largas e iban vestidos con camperas negras, birretes o “casquetes” de color oscuro y pantalones metidos en sus borceguíes. Éstos últimos se apostaron en distintos lugares del interior de la casa, a la espera de Susana Mujica. Mientras tanto, los sujetos de traje comenzaron a sacar de los muebles de la casa libros y papeles, rompieron colchones y buscaron en el caño de la chimenea-hogar.

Alrededor de las 18:00 hs. llegaron Lucio Espíndola y Darío Altomaro, quienes fueron detenidos y llevados del lugar. Entre las 20 y 20:30 hs. Susana Mujica llegó a la vivienda. Al ingresar fue maniatada, se produjo un forcejeo, le quitaron a su hija de sus brazos y le impidieron abrazar a su madre quien sólo alcanzó a ponerle un tapado sobre los hombros. Josefa Lepori escuchó varios vehículos irse, y luego se dirigió al Comando VI BIM donde no fue recibida.

Susana Mujica fue llevada desde su casa a la Delegación Neuquén de la PFA, donde Darío Altomaro escuchó cuando en un momento dijeron “aquí llegó Susanita”, al tiempo que también la identificó por su voz diciendo a los captores: “no me empujen” o “no me toquen”. Ya entrada la noche, Darío Altomaro, Alicia Villaverde, Susana Mujica, Lucio Espíndola y muy posiblemente Cecilia Vecchi fueron introducidos en una camioneta, tapados con una lona y luego de andar un tiempo llegaron a lo que a los sobrevivientes les pareció un descampado. Allí fueron introducidos a un inmueble cuya descripción indica estaba dentro del CCD “La Escuelita” de Neuquén ubicado en terrenos linderos al BIC 181. También fue conducido allí Eduardo París, quien escuchó en el CCD a una mujer pedir que la soltaran porque había tenido un hijo o había sido operada, tratándose muy posiblemente de Susana Mujica.

A partir de ese momento no es posible reconstruir fehacientemente su itinerario, porque mientras a Alicia Villaverde le pareció que viajó junto con ella a Bahía Blanca, y la reconoce en el CCD “La Escuelita” de esa ciudad apenas ingresa al mismo el 10 de junio; la víctima Nora Rivera cree haber identificado a Susana Mujica en el vuelo que la trasladó a Bahía Blanca el martes 15 de junio junto a Gladis Sepúlveda, Elida Sifuentes, Jorge Asenjo y Carlos Schedan, entre otros.

Sea como fuere, Susana Mujica fue reconocida en “La Escuelita” de Bahía Blanca luego del 15 de junio por Dora Seguel, Eduardo Guillermo Buamscha, Argentina Seguel, Nora Rivera y Gladis Sepúlveda. La última referencia la aportó ésta última cuando el 16 o 17 de junio escuchó que la sacaban con forcejeos de ese lugar junto a Cecilia Vecchi y relató que guardias del CCD les comentaron que las habían llevado a “la jaula”. Susana Mujica permanece desaparecida.

Mientras su hija estuvo cautiva Josefa Lepori denunció su secuestro ante el comisario Jorge Ramón González en la Delegación Neuquén de la PFA, ante la Policía Provincial de Neuquén y al Comando de Sexta Brigada, en todos los casos con resultados negativos. El 12 de junio el Jefe de Policía de Neuquén, Teniente Coronel Osvaldo Laurella Crippa, envió una nota al Jefe de la Policía Federal, Ramón González, en la que le informó que no se impartió orden de detención contra Susana Mujica ni se encontraba detenida en ninguna dependencia de esa institución. También se entrevistó el 10 de junio con el Jefe I-Personal mayor Luis Alberto Farías Barrera, quien negó en aquella audiencia que el EA hubiera participado de la desaparición de su hija. En los días subsiguientes Josefa Lepori concurrió diariamente al Comando VI BIM, siendo atendida siempre por Farías Barrera con idénticos resultados.

Mientras tanto, recibió en la vivienda de su hija constantes amenazas telefónicas en las cuales la increpaban a abandonar la casa advirtiéndole que en caso contrario colocarían una bomba que mataría a sus nietos.

Cuatro días después del secuestro, el domingo 13 de junio de 1976, el diario “Río Negro” publicó una breve nota sobre los “presuntos secuestros” de Alicia Villaverde, Susana Mujica, Alicia Pifarré, César Dante Giliberto y Darío Altomaro, que motivó una respuesta del Comando de la Subzona 52 publicada el domingo 20 de junio, en la que las autoridades militares reconocían que se habían practicado detenciones a “subversivos”, en los últimos días, relacionadas con el PRT-ERP.

El Comandante del Comando VI BIM, general José Luis Sexton recordó que en oportunidad de asumir el puesto el 23 de junio de 1976 en Neuquén, el segundo comandante Contreras Santillán le informó que se habían realizado detenciones durante los días anteriores y que los arrestados habían sido trasladados al V Cuerpo de Ejército en Bahía Blanca.

Al 17 de marzo de 1977 el PEN no había dictado orden de detención respecto de la víctima. Las circunstancias que rodearon al secuestro de Susana Mujica, su militancia política activa al momento de los hechos y su relación con personas vinculadas a organizaciones políticas que también fueron víctimas del terrorismo de Estado, indican que los hechos delictivos cometidos a su respecto constituyeron una forma de persecución política”.

Los días en un infierno sin el abrazo de sus hijos

Hacía un poco más de dos semanas había nacido su segundo hijo (Martín) por cesárea, y ese miércoles 9 de junio de 1976, Susana Mujica debía hacerse unos controles médicos. Caminó las calles de la ciudad sabiendo de las detenciones y secuestros de los que habían sido víctimas algunos de sus conocidos, muchos de ellos docentes y estudiantes de la Universidad Nacional del Comahue -intervenida por Remus Tetu-, donde era profesora de Antropología Social y Cultural en la carrera de Servicio Social.

Ya había oscurecido, las calles se poblaban de policías que, unas horas antes, habían detenido ilegalmente a Darío Altomaro y Lucio Espíndola, entre otros. Personas vestidas de civil, que dijeron ser de la Policía Federal, y otras que portaban armas largas irrumpieron en la casa de Irigoyen 597 donde se encontraba Josefa Lepori, conocida como Beba, la madre de Susana, quien militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). También estaba Cecilia Vecchi, una de sus alumnas de la facultad. Mientras los hombres armados esperaban la llegada de su “presa”, se dedicaron a sacar muebles, libros y papeles, y hasta rompieron los colchones.
Ni bien llegó Susana a la casa, cerca de las 20:30, fue maniatada, le quitaron a su hija Matilde de los brazos y le impidieron abrazar a su madre, quien apenas alcanzó a colocarle un tapado sobre los hombros.

Susana fue metida a los empujones en un vehículo -lo mismo hicieron con la joven alumna- que se dirigió hasta la delegación de la Policía Federal, en la calle Santiago del Estero 136, donde ya estaban Altomaro, Espíndola y Alicia Villaverde, entre otros.
De inmediato, su madre se dirigió al Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña sobre la Avenida Argentina, pero nadie la recibió. No lo sabía en ese momento, pero quien comandó el operativo en su casa fue el agente de Inteligencia del Ejército, Raúl Guglielminetti, que actuaba con la falsa identidad de “mayor Rogelio Guastavino”. Después los subieron a una camioneta, los taparon con una lona y los llevaron a un descampado, probablemente al terreno donde funcionaba desde hacía muy poco el centro clandestino de detención La Escuelita, ubicado al fondo del predio del Batallón, donde permaneció alrededor de una semana.

Susana junto con otros secuestrados fueron llevados en avión hasta Bahía Blanca, donde permanecieron en otro centro clandestino, también llamado La Escuelita. En esa oscuridad del horror, sus torturadores la insultaban porque había sido mamá, y ella clamaba por agua y por unos remedios que necesitaba tomar. Pensaba en sus hijos y recordaba las canciones que le cantaba a su pequeña de dos años.

El 16 o 17 de junio, Gladis Sepúlveda, quien la conocía de la universidad y recordó su voz durante esos días de cautiverio, escuchó unos forcejeos e insultos cuando los guardias la sacaron del lugar -junto con Vecchi– con destino incierto. Desde ese momento, nunca más se supo de Susana Mujica. Su madre, Beba, sintió la humillación de parte de Luis Alberto Farías Barrera y Oscar Reinhold cuando iba hasta el comando para saber algo sobre su hija y le decían que ellos no sabían nada.

Beba luchó incansablemente para encontrarla con vida ante el silencio cruel de los militares. Un tiempo después, se convertiría en una de las principales referentes de Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y Alto Valle -que marchó hasta su muerte a los 87 años, en marzo de 2003- gritando: “Con vida los llevaron, con vida los queremos”.



Mónica

 

13/06/76. Mónica Morán es secuestrada en Bahía Blanca. Se desempeñó como no docente en la Secretaría de Bienestar Universitario de la Universidad Nacional del Comahue en Neuquén. Maestra, artista plástica, titiritera y actriz, construía muñecos y escribía los textos de sus obras. Ingresó a trabajar en la UNCo en 1973. La llegada del “interventor” Remus Tetu, de connotada vinculación con el accionar de la “Triple A”, significó que profesores y no docentes fueran expulsados de la Universidad del Comahue en 1975. Entre ellos Mónica, que decidió regresar a su Bahía Blanca natal.

Fue secuestrada de la sala “La Ranchería”, de Rondeau 220 de Bahía Blanca, sede del afamado Teatro independiente “Alianza” del cual había egresado. Cinco chacales, con vestimenta civil y “armados con pistolas y ametralladoras de las comúnmente utilizadas por la policía y fuerzas armadas”, como constan en las denuncias que se hicieron, interrumpieron el trabajo de los artistas. Ordenaron “tenderse boca abajo y con las manos contra el piso”. Ignacio Aguirre preguntó a los asaltantes qué querían. Por toda respuesta, desde arriba suyo le cayó una tremenda patada en la cabeza, mientras otro de los agresores insistía a los gritos preguntando por Mónica. “¿Quién es Mónica Morán?”, “¿Quién es Mónica Morán?”. Tras identificarse, alzando su documento de identidad, con un claro, firme, “yo”, comenzó su secuestro.

En la delegación local de la Policía Federal, al exponer sus compañeros sobre lo ocurrido, recibieron el frío trato de la indiferencia. De igual modo se los atendió en la también cercana Seccional Segunda de la policía provincial y en el Comando Radioeléctrico. En estas dependencias no hubo escribientes para recibir denuncia alguna y ante la insistencia para que alguien tomara nota, lo escrito fue en recortes de papel, “que con esto es más que suficiente”.

El siguiente paso fue informar a la familia. Un hermano suyo, suponiendo que su grado de oficial de la marina de guerra le permitiría saber datos ciertos del paradero de Mónica, obtenidos de sus superiores en Puerto Belgrano, recibió del Servicio de Informaciones Navales (SIN) la confirmación de que “la detención se produjo con intervención de fuerzas del Comando del Vº Cuerpo de Ejército y que se encontraba bien”.

Cabe recordar aquí una figura que tiene mucho que ver en todo este asunto y es la de Acdel Vilas, que estuvo al mando del Operativo Independencia en Tucumán en 1975 y, posteriormente actuó en 1976 como segundo comandante del V Cuerpo de Ejército (Bahía Blanca) y jefe de la subzona militar 51. En Bahía Blanca se lo recuerda pistola en mano, conduciendo los operativos de control de la población y las llamadas “operaciones rastrillo”, que con el pretexto de buscar o perseguir “subversivos”, dejaban una estela de vejaciones, robos y secuestros.

Ante el transcurso de las horas y la carencia de novedades ciertas sobre su paradero, los padres de Mónica, anoticiados de que un vecino de ellos era sacerdote católico y capellán del Vº Cuerpo de Ejército, tomaron contacto con él. El clérigo “Hizo tratativas” y les informó que “había visto a Mónica; que se encontraba bien y que posiblemente quedaría a disposición del Poder Ejecutivo”. Semejante noticia –que a la distancia se nos ocurre configura encubrimiento– llevó alivio a la familia. No obstante, allegados a ellos les recomendaron hacer denuncias que en todos los casos rechazaron “para no empeorar las cosas”. Ni siquiera un “hábeas corpus”. Nada. Y decidieron esperar.

El día 24 de junio de 1976, en la noticiero televisivo del mediodía se expuso: “En un operativo realizado por el Vº Cuerpo de Ejército, en un domicilio de la calle Santiago del Estero y a raíz de haberse producido un enfrentamiento armado, fueron abatidos cuatro elementos subversivos, habiendo sido identificados sólo uno de ellos: Mónica Morán, de 27 años, maestra, domiciliada en Bahía Blanca, procurándose la identificación de los cadáveres restantes”. Se anunciaba así el primer homicidio aplicando las técnicas del Terrorismo de Estado en Bahía Blanca.

Complementariamente, las autoridades militares dieron a conocer un “frondoso prontuario guerrillero” de la víctima. Mintieron, asegurando “que luego de haber sido detenida fue puesta en libertad y del Vº Cuerpo fue directamente al domicilio de la calle Santiago del Estero, donde se reunió con otras tres personas… Habiéndosela seguido, se procuró su arresto y siendo contestada la intimación por disparos que fueron repelidos, el resultado fue el abatimiento de todos”.

Acerca del fraguado “combate”, jamás se informó sobre la identidad, edad, sexo o filiación de los otros tres presuntos caídos.

El juez Baltasar Garzón ratificó todo lo que había probado el trabajo de los jueces de la Cámara Federal bahiense: la única víctima en la casa de Nicaragua 905, esquina Santiago del Estero 376, la madrugada del 24 de junio de 1976, fue Mónica Morán. Los otros supuestos masacrados, sólo fueron producto de la mentira que armó Acdel Vilas: de “acción psicológica de la guerra” calificó comunicados como el que dio cuenta del crimen cometido en perjuicio de Mónica. Sus confesiones primeras de todo esto constan en las actas del Juicio a las Juntas; en las del Juicio por la Verdad en Bahía Blanca y en los fundamentos del pedido de captura internacional de decenas de militares asesinos emitida por Baltasar Garzón.

Se supo y probó que Mónica fue brutalmente torturada en “La Escuelita” del Vº Cuerpo de Ejército en Bahía Blanca; que la dignidad de un joven soldado médico permitió, a través de su testimonio, saber que durante la noche del 23 de junio de 1976, en uno de los baños de esa dependencia, fue masacrada a ráfaga de ametralladora; que en el momento de ser secuestrada en el teatro “La Ranchería”, asistía Néstor Hernández, sicario disfrazado de alumno (en realidad, agente encubierto de la SIDE) cuyo trabajo de espía normalmente lo cubría en la desaparecida ENTEL, en el turno noche; que en el lugar donde según las versiones militares “fue abatida”, supo funcionar la “Editora Nacional”, un pequeño negocio de imprenta y fotocopias cuyas persianas enclenques permitían el acceso fácil desde el exterior al salón y a la casa de familia que componían el edificio, abandonado desde mediados de diciembre de 1975 y saqueado por fuerzas policiales al alba del 29 de diciembre de ese año, tres meses antes del golpe del 24 de marzo, según consta en archivos recuperados de la bonaerense.

 

 

 

Enlaces:

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https://www.unter.org.ar/2016/02/16/leticia-margarita-oliva/

https://www.unter.org.ar/2016/01/26/graciela-romero-y-raul-metz/

https://www.unter.org.ar/2016/03/06/oscar-luis-hodola-y-sirena-acuna/

https://www.unter.org.ar/2016/02/21/susana-mujica/

https://www.rionegro.com.ar/susana-mujica-joven-neuquina-secuestrada-y-desaparecida-por-la-ultima-dictadura-militar-932208/

https://actores.org.ar/monica-moran/

 

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Reunión de la Información realizada por:

 

Familiares de Detenidos Desaparecidos; ex Presas y ex Presos Políticos de Cutral Co y Plaza Huincul

 

H.I.J.O.S. Cutral Co – Plaza Huincul

Abril 2026

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